Biblia Abierta Colombia

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Iglesia cristiana Integral

"Una Iglesia abierta a la nueva generación"

!Santos Seréis¡

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Cita Bíblica: Levítico 19:1-2; 20:26 y 1-Pedro 1:15-16

“1. Habló Dios a Moisés diciendo:

"2. Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque Santo soy Yo el Señor vuestro Dios” (Subráyala en tu Biblia)

“20:26. Habéis, pues, de serme Santos, porque Yo el Señor soy Santo, y os he apartado de los Pueblos para que seáis míos”.

Esta es una de las más grandes promesa de Dios para todos los tiempos. "Santos Seréis"

Definiciones: La palabra “Santo” según el diccionario Larousse se define como: “la persona de especial virtud y ejemplo, libre de toda culpa y pecado y especialmente consagrada a Dios”.

Según el diccionario Teológico significa: “Separación, Esplendor” “Separado, Apartado para Dios”, o sea, separado de las personas del mundo natural para el servicio a Dios y a los demás.

 

Santidad

La verdadera Santidad está caracterizada por los actos externos impulsados por las intenciones del corazón.

No es solo la rectitud, la benevolencia o alguna otra excelencia moral, sino la armoniosa y perfecta combinación de todas las actitudes, actos y actividades de la persona en su diario vivir, tanto así como todos los colores del prisma debidamente mezclados forman la luz pura.

Dios es Santo de una manera infinitamente perfecta y trascendental  (Isaías 1:4 y 6:3).

Dígale a la persona que tiene al lado “Santo Seréis, porque Santo es tu Dios”

La humanidad perdió toda Santidad en la caída; pero Dios hace a Su Pueblo gradualmente “participe de Su Santidad”, tanto aquí en la tierra como en el Cielo el hombre se hallará perfecta y eternamente santificado; y para dar seguridad de esto, Él lo considera ya Santo y Amado con motivo de su unión con Cristo.

El hombre o mujer que mantiene a Cristo en su corazón, o que es lo mismo “está en Cristo”, se considera en Santidad, o sea que es Santo.

La Biblia da el nombre de “Santo” a todo lo que pertenece a Dios, es decir, al Cielo, a Su Reino, a Su templo, y sus partes, utensilios y culto; al día que le está consagrado, a sus sacerdotes, profetas, apóstoles, ministros y pastores.

Los hijos de Israel eran llamados nación Santa, porque estaban separados para Dios, para ser un pueblo consagrado a Él (Éxodo 19:6, Dt 7:6).

A los cristianos colectivamente nos llaman Santos, porque estamos de igual modo separados para Cristo (1-Ped. 2:9).

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación Santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncies las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable;” (Éxodo 19:5-6).

Pero, además de todo esto, Santo es aquel que manifiesta en su conducta la pureza interior, la benevolencia y la consagración a Su Salvador, con las cuales su corazón rebosa.  (Levítico 18:1-5)

 

Introducción: El mundo en este tiempo no dista mucho de estar igual o peor que en los tiempos en cuando Moisés escribió el Torah o Pentateuco, más o menos hacia el año 1530 a.C., cuando tenía 40 años de edad, (Moisés nació en el año de 1.571 a.C.).  Las circunstancias que rodeaban al pueblo de Israel en esos tiempos, en cuanto a comportamientos morales respecto al pecado, son los mismos por los que está pasando la humanidad en estos tiempos.  Veamos:

I. La inmoralidad sexual (Levítico 18:6-23)  Leer todo el pasaje.

A través de este pasaje Dios exhorta al Pueblo de Israel a través de Moisés, revelándole las prácticas sexuales que debían prohibirse, ya que estas estaban causando enfermedades, querellas, muertes y además no eran del agrado de Dios.

El detalle de cada uno de estos pecados, es claro, es perfectamente censurable y aplicable al vivir en el día de hoy.  Solo nos basta con leer textualmente este pasaje y aplicarlo a nuestra vida.

II. Advertencia y consecuencias (Levítico 18:24-30)  Leer todo el pasaje.

Dios siempre nos enseña las cosas buenas que debemos hacer a través de las cosas malas que no debemos hacer, Él primero enseña, después advierte y luego castiga la desobediencia o bendice la fidelidad y la obediencia.  En este pasaje también Dios advierte en detalle las consecuencias de la desobediencia a Sus mandatos.

III. Leyes y Mandatos (Levítico 19:3:37)  Leer todo el pasaje.

Además de repetir los diez mandamientos Dios advierte en este pasaje 33 prohibiciones, haciendo énfasis sobre las consecuencias que conllevará el infringir estas leyes.  Entre estas están: honrar a los padres, la idolatría, el ahorro, la bondad, no robar, la mentira, el engaño, jurar en vano y en falso, la opresión, la explotación, maldecir, la injusticia, el chisme, el asesinato, la venganza, el rencor, el adulterio, la fornicación, la adivinación, los tatuajes, prostitución, la veneración a los ancianos, racismo, usura, etc.

Aquí Dios es claro en advertir y enseñar, que debemos hacer y que no debemos hacer, y de no hacer caso a sus mandatos Él dice en 20:6b “…yo pondré mi rostro contra tal persona, y la cortaré de entre su pueblo” en 20:7 dice “Santificaos, pues, y sed santos, porque Yo el Señor soy vuestro Dios”.

Reflexión: Parece repetirse nuevamente esta escena en las generaciones de hoy en día, es necesario volver a la instrucción bíblica del Antiguo Testamento; toda la Escritura es inspirada por Dios (2-Timoteo 3:16), por lo tanto, estas enseñanzas fueron dejadas como ejemplo para las nuevas generaciones (1-Corintios 10:6 y 11).

IV. El perdón (Levítico 19:21-22)

En los tiempos de Moisés la persona que había cometido pecado o había incumplido la ley de Dios, debía traer a la puerta del tabernáculo un carnero para ofrecerlo a Dios por su culpa, este carnero lo sacrificaba el sacerdote delante de Jehová por el pecado que esa persona había cometido y se le perdonaba su pecado.

Este procedimiento era el único camino para lograr el perdón o expiación de la culpa, y estaba representado en el derramamiento de la sangre de ese cordero.  Esto mostraba que la vida estaba en la sangre.  Los médicos en la antigüedad les sacaban sangre a los enfermos tratando de lograr la mejoría; hoy en día hacen trasfusiones de sangre para lograr que la gente viva más tiempo.

Solo había un lugar único de sacrificio.  Había sólo un precio que Dios aceptaría: la Sangre; y un solo lugar donde Dios lo aceptaría: la puerta del tabernáculo.

Así hoy, Dios no acepta sino un precio por el pecado: la Sangre derramada por Su Hijo Jesucristo; y esa Sangre se derramó en un lugar designado por Dios: la Cruz del Calvario.  Depender de cualquiera otro sacrificio o de cualquiera otro lugar es ser rechazado por Dios.

La vida está en la Sangre, tanto física como espiritualmente.  Nuestra vida espiritual depende de la Sangre derramada por Cristo (1-Juan 1:7; Efesios 1:7; Colosenses 1:14; y Hebreos 9:22).

La Biblia es un libro de sangre, desde Génesis (donde Dios sacrificó animales para cubrir con sus pieles a Adán y Eva: (Génesis 3:21) hasta Apocalipsis (donde Juan contempló a Cristo como Cordero inmolado: (Ap. 5:6,12 y 13:8).  Cristo es nuestro ejemplo, Cristo es el Maestro que nos salva y Cristo es el Cordero de Dios, crucificado por los pecados de la humanidad.

Por lo tanto, la expectativa inmediata para todo el que dice ser cristiano es caminar en Santidad.  Para poder ser acreedores a una vida en el Cielo con Dios, es necesario que nuestro andar sea Santo, la Palabra dice en Hebreos 11:6 que "Pero sin fe es imposible agradar a Dios..." y  Hebreos 12:14  "...y la Santidad, sin la cual nadie verá al Señor", o sea, que la Santidad es sinónimo de Salvación, debemos "cuidarla con temor y temblor"  (Filipenses 2:12), y inmediatamente después de haber recibido a Jesucristo como Salvador de nuestra vida, no nos queda más que glorificar la Sangre del Pacto de la Gracia en la cual Él fue santificado.

"Porque si pecáramos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.  ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la Sangre del Pacto en la cual fue Santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia?"   (Hebreos 10:26-29).

 

Conclusión: No practicamos hoy sacrificios, pero este libro nos deja muchas lecciones prácticas de peso que es necesario que las consideremos para un vivir mejor en la vida en la tierra y para asegurar la vida eterna en el Cielo.

Debe haber derramamiento de sangre para expiar el pecado porque el pecado es aborrecible a los ojos de Dios.

Dios hace una distinción en este libro entre lo limpio y lo inmundo.  También le advierte a Su pueblo: “Sed santos, porque yo soy santo”

Dios provee un camino de perdón y restauración, por supuesto, este camino es Cristo (Juan 14:6) y Él es camino nuevo y vivo (Hebreos 10:19-21).  Los sacrificios descritos en el Antiguo Testamento señalaban hacia el Salvador venidero.  La frase “será perdonado” se usa muchas veces en Levítico, advirtiendo que tendriamos la oportunidad de ser salvos.

Dios está esperando, Dios nos ha dado este tiempo de la dispensación de la Gracia, este tiempo de la era de la Iglesia, para ponernos al día con Él.  El está esperando que tomemos la desición de seguirle, obedecerle, no para bien de Él, sino para nuestra Salvación.   Los que no le conocen, que le conozcan; los que ya le conocemos, que hagamos un esfuerzo por cumplir sus mandamientos y corramos a predicar el Evangelio de Jesucristo a toda criatura y por todo el mundo.

Para terminar, El Señor desea que meditemos sobre estos versículos (Hebreos 10:22-25)

“22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.

23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”.

24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;

25 No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

Ahora si el Señor te ha revelado el camino a seguir a través de este mensaje, ora a Dios, puedes orar con tus propias palabras, o si lo deseas puedes hacer tuyas las palabras de la siguiente oración, dispón tu corazón y repite las siguientes líneas creyendo en tu corazón lo que confieses con tu boca: 

 

Los siguientes versículos bíblicos respaldan la Oración de Fe, que debe hacerse de forma audible, en voz alta, que es lo mismo que confesar con la boca.

 

Esta es la Oración de Fe que todo aspirante a la Salvación debe confesar:

Romanos 10:8-13  "Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la Palabra de fe que predicamos:  
                
               que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo
         
                      Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.  
         
                      Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.   
         
                      porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo."

 

Señor Jesús,

Creo que tu eres el Hijo de Dios                                                                              (Juan 6:69)

que te hiciste carne para habitar entre nosotros,                                                    (Juan 3:16 y Juan 1:14)

que moriste en la cruz y derramaste tu sangre para salvarnos del pecado,           (Filipenses 2:8; 1-Corintios 15:3 y Apocalipsis 1:5)

que resucitaste para vencer la muerte,                                                                   (Hechos 2:32 y 1-Corintios 15:4)

y ahora estás sentado a la diestra del Padre.                                                          (Efesios 1:20; Colosenses 3:1)

 

Señor Jesús,

Reconozco que soy pecador                                                                                    (Romanos 3:23)

ahora me arrepiento de todas mis faltas                                                                  (2-Pedro 3:9)

y prometo apartarme de ellas.                                                                                  (Proverbios 28:13)

 

Señor Jesús,

Hoy respondo a tu llamado, abró la puerta y te invito a entrar en mi vida,               (Apocalipsis 3:20)

confiezo que eres mi único y suficiente Salvador,                                                     (Lucas 2:11; Juan 14:6  y  1-Timoteo 2:5)

haz de mi una nueva criatura,                                                                                   (2-Corintios 5:17 y Gálatas 2:20)

sálvame, sáname y restáurame.                                                                                (Hechos 2:21; Lucas 5:17 y Jeremías 15:19)

y me gozaré viendo mi nombre escrito en el libro de la vida del Cordero,                 (Apocalipsis 13:8 y Apocalipsis 21:27).

Amén y Amén.

 

Ahora que has tomado la decisión de seguir a Cristo para tu Salvación, te invitamos a que busques una iglesia cristiana y comiences a congregarte, con esto ya estarás dando tus primeros pasos en obediencia a Dios.

Si este mensaje ha tocado tu corazón y quieres continuar en un crecimiento espiritual formalizado, no dudes en contactarnos; el Señor nuestro Dios te continúe bendiciendo abundantemente.